![]() La historia de cualquier lugar tiene una parte de realidad, una parte de ficción y unas pinceladas de leyenda. Los documentos sobre la Polinesia Francesa, son escasos y la tradición oral ha sufrido la metamorfosis propia de este tipo de trasmisiones. Polinesia provine de las palabras griegas poly y nesos, que significan muchas islas. No se sabe muy bien cuando llegaron los primeros habitantes a estas tierras, aunque se calcula que en el siglo IV ya había varios asentamientos. Lo que se sabe con certeza es que los primeros polinesios venían de los archipiélagos vecinos. Los habitantes de estas tierras vivieron durante siglos ajenos al resto del mundo y no tenían muchos reparos en comer a sus rivales. Los valores cotidianos de la belleza, la sensualidad y la alegría siempre quedaban en un segundo plano. Los españoles fueron los primeros en toparse con las islas, cuando en el año 1595 cuatro barcos al mando del español Alvaro de Mendaña llegaron al archipiélago de las Marquesas. El navegante inglés Samuel Wallis descubrió Tahití en 1717 y sin entrar en detalles de lo que allí sucedió, los isleños pusieron la resistencia natural en este tipo de situaciones. Los siguientes en aparecer por las islas de la Polinesia fueron los franceses. En 1768, Louis de Bouganville, quien dio la vuelta al mundo, llegó con dos barcos a Tahití, donde permaneció 10 días para que sus hombres se recuperaran del escorbuto. A su regreso relató las maravillas de lo que había visto y fue, probablemente, el comienzo de la larga e intensa relación entre Francia y estas islas. Quien no podía faltar en esta historia es el capitán James Cook, que fue escogido para éste y otros viajes, por sus conocimientos de astrología y cartografía. Fue realmente Cook, quien dio a conocer al mundo con sus escritos las maravillas de las islas y de sus gentes. Leyendo sus diarios de viaje, especialmente los capítulos dedicados a la belleza y sensualidad de los polinesios, no es de extrañar la curiosidad y el interés que las islas despertaron en las naciones europeas. En 1797 el explorador James Wilson llegó a las islas con unos misioneros protestantes que se quedaron en Polinesia y llevaron a cabo la cristianización de sus gentes. El cristianismo sigue siendo la religión de los polinesios, habiendo iglesias de distintos credos. Cada archipiélago tiene sus propias costumbres, tradiciones y pequeñas curiosidades que lo hacen único. ![]() Aquí se entiende el mestizaje, además de imprimirles el inequívoco sello francés. Por su parte la llegada de los inmigrantes chinos cambió la manera de comerciar. Si hay algo que destacar en la vida diaria de los polinesios es su alegría y espíritu festivo expresado en la comida, los bailes, la música y la propia belleza de sus habitantes, quienes saben como adornar sus cuerpos y sus vidas. En ellos la hospitalidad y la generosidad son innatas, con la particularidad de que si invitan a alguien a comer a su casa, los anfitriones, no necesariamente se sientan a comer con el invitado. Lo normal es que todos participen, ya que la comida forma parte esencial de las vidas de las gentes del Pacífico. Los polinesios se saludan con dos besos en la mejilla o con un apretón de manos. A no ser que haya mucha gente, hay que dar la mano a todos los presentes. Los bailes, formaban parte de este pueblo siglos antes de que los exploradores europeos pusieran el pie en estas tierras. Se bailaba por diversión pero también para recibir a un invitado, para celebrar una victoria deportiva o por motivos religiosos. Cada movimiento de brazos y manos tiene un significado particular. Las palmas extendidas se refieren a las esteras que se colocan para que el invitado se siente. |